¿Campamento? Esta
palabra me evoca los sentimientos de alegría y servicio. Mi
experiencia es corta pero intensa. Nunca he ido como acampada. He
sido monitora un año y es mi primer año de jefa.

Mi vocación desde hace
tiempo ha sido ser catequista y estar al servicio de los niños y por
ello decidí ir de campamento. El campamento es un período en el que
ves a Dios cada día y en cada persona. Es un momento de diversión,
de alegría pero también de responsabilidad y servicio. Cada día
mueres a ti mismo en favor de los demás, es decir, das lo mejor de
ti a todos los integrantes del campamento aprendiendo a convivir y
compartir.

Siempre vienen ocasiones
difíciles , tanto, que humanamente no seríamos capaces de
solucionar por nosotros solos si no fuese porque tenemos el apoyo
incondicional de Dios. Tengo la certeza absoluta de que porque Él
nos guía todo sale bien, porque al final el único protagonista es
Él y el objetivo primordial es que todo el mundo se encuentre con el
Señor.

Lo más positivo para mí
es que en cada campamento , en todos sus momentos me he encontrado
con el Señor de manera muy directa a través de las personas y de
los acontecimientos. Cada niño y niña me ha enseñado algo muy
concreto al igual que los cocineros. Pero sobre todo aprendo mucho
de mis compañeros monitores. Para mi son un pilar impresionante.
Somos muy diferentes, muchos ni siquiera nos conocíamos antes pero
Dios, a través del campamento, nos ha unido y eso hace que nos
convirtamos en una gran familia. Algunos se han convertido en grandes
amigos y amigas ya fuera de él y a día de hoy forman una parte
imprescindible de mi vida.
Maria José Pérez
No hay comentarios:
Publicar un comentario