“Allí me verán”. Con ese lema en la
cabeza empecé mi javierada, mi peregrinación, con la intención de cumplirlo,
ver a Cristo, en un encuentro de verdad. En muchas ocasiones me he preguntado
si hoy día, en la sociedad tan moralmente empobrecida en la que crecemos, se
puede ser cristiano de un modo razonable: en Javier he descubierto que sí se
puede.
La javierada puede ser un pequeño camino
en comparación con toda nuestra vida, pero en realidad es algo muy grande, es
un viaje que la Iglesia nos ofrece, otorgándonos la mayor de las oportunidades:
conocer a Cristo, conocer la Verdad. Lo que hemos vivido en la javierada, y lo
que vivimos en la parroquia debería ser el pilar de nuestra existencia;
momentos de verdadera alegría y de felicidad plena.
¡Muchas gracias a todos por la
Peregrinación!
Por Antonio Espinosa

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